¡Basta ya de visicitudes del destino! Si es que no basta, id con más miramiento.
No me ha cabido en suerte heredar bienes ni conseguirlos por mi mano.
Salgo en busca de mi sustento, y veo que mi sustento se ha esfumado. (...)
Así es la providencia, sobre la que no tienes ningún poder;
ni la pluma ni la escritura te son útiles.
(Las Mil y una noches)