ARTÍCULOS DE OPINIÓN EN EL PUERTO INFORMACIÓN Septiembre 1997 - Junio 1998
LOS MOTEROS (Mayo de 1998)
Cuando éramos un país de señores bajitos que andaban correteando a las suecas durante el verano, no disfrutábamos como ahora del respeto de los extranjeros, que nos miraban con cara de sospecha y agarraban a la mujer por la cintura para salvaguardarla de intenciones aviesas y tentaciones aborígenes. Ahora, con la democracia y el buen vivir, los extranjeros nos tratan con consideración y vienen cada primavera a dejarnos unos duros por aquí abajo, que falta nos hace. No sólo los extranjeros, claro, también llegan de todas partes de España, y por lo general se convive pacíficamente. Salvo algún caso marginal, los moteros se portan bien, ya no hay miedo a que se produzcan asaltos, robos, violaciones y otras tropelías por el estilo. Los ciudadanos esperan la llegada de los moteros entre la complacencia y la expectación. Algunos esperan mucho de los moteros, que dejan un beneficio cuantioso. La ciudad se engalana y siente orgullo de ser una colonia por unos días.
De todas formas, siempre hay mal pensados, escépticos que no ven con buenos ojos la llegada de los moteros. Gentes recelosas las hay en todos sitios, qué le vamos a hacer. Yo tengo una amiga que temía que la violaran encima de una moto:
-Estos días siempre llevo un preservativo en el bolso por si me violan.
Dicen los periódicos que en El Puerto la mayoría de los moteros han sido portugueses. Yo veo bien esta interrelación entre culturas no totalmente dispares. También ha habido franceses, italianos, alemanes y algún que otro finlandés. Yo no he visto suecos, pero oye, lo mismo también había. Por supuesto muchos moteros eran catalanes, vascos, madrileños, castellanos, etc., pero para el caso es lo mismo, estos días parecían extranjeros. Todos visten igual, hacen carreritas, levantan la rueda delantera y aparecen en todas las fotos poniéndose cuernos. Han sido días de entusiasmo y amores fugaces que lo mismo terminan en boda. Han sido días de tortilla de patatas y riñones al jerez, mucho pescaíto frito, mucho molusco y mucho crustáceo. Los bares sacan la ristra de ajos y el jamón, los azulejos con mensaje, los chicharrones y el vino fino, y algún espontáneo se arranca por soleares o bulerías y le dan una propinilla. Es un adelanto de la feria, mucha manzanilla y mucho clavel he visto yo. Por las noches, los que no echaban carreras se iban para Sevilla, y allí que se ponían morados de bailar, de beber y de ligar.
Dicen que no, pero el que no tiene una buena moto en estos días es un pringao. Apenas si se ven ciclomotores ante ese espectáculo de cilindro y velocidad que tiene en Crivillé su ejemplo más acabado. Mucho extranjero, sí, pero la victoria es nuestra.
INSUMISOS
A mí esto que está ocurriendo con los insumisos me parece un despropósito y una exageración. ¿Dónde se ha visto que se condene a los neutrales? ¿Cuál es el móvil que conduce a quienes sean a cometer tal tropelía? En definitiva, ¿por qué se juzga hoy y ahora a un insumiso, a un neutral? Muy sencillo.

Considero al insumiso un neutral porque entre dos propuestas no elige ninguna, ¿ven qué simple? El insumiso era ese niño díscolo y travieso que en la escuela no optaba nunca por la asignatura optativa. En el colegio siempre nos daban a elegir una asignatura de manera voluntaria, pero la lista de opciones se limitaba a una sola, con lo cual la asignatura se convertía en una optativa forzosa. Ahora ocurre de igual modo, salvo que nos dejan tener los intereses que a ellos les interesa que tengamos. A unos les interesa hacer la mili y a otros el servicio social sustitutorio, así de fácil. Si a alguien se le ocurre disponer su cosa de otro modo está mal, porque ser neutral es imposible, porque esto lo rige la lógica militar, que es ilógica, y te sueltan aquello de "o estás con nosotros o estás contra nosotros". Si no te espabilas y eliges mal, otros eligen por ti y asunto resuelto. Y al neutral se le limita, se le persigue y se le castiga. Uno cree que esto de la mili resulta ya un poco anacrónico, un poco añejo, ahora que las guerras se ganan pulsando botones y firmando papeles. La raíz de la cuestión está en que ya no somos ingenuos, ya no nos creemos aquello de "por Dios, por la Patria y el Rey...", ¿qué le vamos a hacer? Hemos aprendido a ser escépticos o pacifistas, según se mire. Existe el servicio militar y existe la objeción de conciencia, como existe la explotación inhumana del obrero que trabaja 14 horas al día por 120.000 cucas al mes; y también existe la rutina deshumanizadora del paro. Hay también quienes apuestan por una concepción del trabajo basada en el desarrollo personal y la creatividad social, pero esto no existe. Y en el problema de la mili están los insumisos, los pacifistas, los que niegan la ilógica militar de "somos los mejores y tenemos los huevos más gordos", pero a éstos no les dejan decir su nombre.
Y otra cosa, ¿por qué se condena a tan pocos insumisos, por qué son tan pocos los castigados, aunque nos parezcan muchos? Que nadie lo considere un logro. La mejor manera de intimidar que se ha encontrado durante tantos siglos de experimentación es la del chivo expiatorio, el cabeza de turco. Cada vez que se juzga y condena a un insumiso se reparte injusticia sin provocar desorden. El último creo que se llama Rafael Ruiz Travieso.
HOMO VIDENS

Declaro que no ha sido por esnobismo ni por dármelas de exquisito, pero pedí a las amistades que me regalaran el libro de Giovanni Sartori Homo videns. La sociedad teledirigida, y lo tuve para el día de San Jorge. Presenta este libro de tanto éxito el enfrentamiento social entre el homo sapiens y el homo videns; el primero es sabio y lee a Pérez Reverte y el segundo ve la tele y alquila películas para el vídeo. Dicen los apocalípticos que la televisión es perjudicial y crea al homo videns, que es un decadente, un alienado y un irresponsable. Yo, que leo a Proust y a Shakespeare, defiendo que todos tenemos un homo sapiens y un homo videns, y que no es cierto que la televisión sea mala. ¿Por qué?, me pregunto. Los catastrofistas mesiánicos es que todo lo ven mal: los champúes provocan seborrea, el suavizante de la ropa causa escozores y seca la piel, el desodorante con rolón te llena el sobaco de palominos, no se deben comer los plátanos después de la comida, ni siquiera los de Canarias, etc.

Basta ya, atrevámonos a pensar. Por ejemplo, ¿por qué quiere una ciudad como El Puerto otro campo de golf? Pues porque ha visto en la tele a Ballesteros y porque los seriales americanos presentan el golf como un deporte elitista, selecto, elegante y con futuro, que es lo que ambiciona esta ciudad. Don Hernán es que lo tiene todo muy pensado. Actualmente se están organizando encuentros en la ciudad que inciden en la dicotomía homo sapiens / homo videns; se ha celebrado un congreso sobre los fenicios para el homo sapiens que todos llevamos dentro, y nos hemos podido enterar de que la antigua Gadir no estaba en Cádiz, sino en Doña Blanca, pues eso que sabemos. Ahora se celebra un debate sobre el vino, pues llevamos al homo videns, que he escuchado que acuden los más destacados investigadores. ¿Y quién no es investigador en este pueblo de tascas?
No sé ustedes, pero yo tengo contentísimos a mis dos homos, que me parecen complementarios e imprescindibles para mi salud psíquica. Cuando en Canal Sur daban Tómbola mi homo videns se enteraba de los golpes de ingle del famoseo y estábamos tan contentos, pero como nos lo quitaron por ser programa viciosillo, ahora es mi homo sapiens el que lee en papel cuché los líos, adulterios, críticas, mangoneos, tocomochos y orgasmos de nuestra guapa gente, con todo el aprovechamiento intelectual que el leer conlleva. Y tan feliz que estoy.
Mi homo sapiens reivindica para la ciudad más empleo y más cultura, pero el homo videns se queda con el turismo, el parque de los Toruños y el golf.
INDEPENDIENTE
Hay palabras que por abuso o apropiación indebida degeneran hacia el anquilosamiento y el uso deformado, y que de tanto repetirlas se envilecen y van perdiendo valor, la gente las confunde y ya no significan nada. Son palabras a las que les nace cierta caducidad, cierto moho al que se adhieren los hombres, otorgándose todo el sentido que a la palabra le queda, un sentido bastardo, un sentido espurio. Yo creo que se visten con la palabra para apropiársela, algunos se la meten por los pies y por la cabeza y se la llevan de copas, la emborrachan, y luego como sátiros tratan de conducirla hasta la cama, como hacen con el pijama, y yo creo que incluso mantienen relaciones ilícitas con ellas, agazapados en la impunidad que les otorgan los vapores del alcohol. ¡Y lo calentitos que están con su palabreja los tíos!
Más que vocablos, son disfraces. Son palabras que se resisten a significar algo, por más que quieran designarlo todo, con pretensiones sublimes a veces, casi de manifiesto. Hay también quienes se calzan algún término como una condecoración o un certificado de buena conducta. ¡Y lo bien que les sienta la palabrita, y lo guapotes que están! Merece la pena echarles un vistazo a estas palabras, sebosas como matronas antiguas, para apreciar lo bien criadas que las tenemos, cómo las engordamos y el uso que hacemos de ellas, avergonzando a toda su estirpe con un comportamiento nada decoroso, para qué nos vamos a engañar.
Nos disfrazamos con ellas para dejar ver nuestra esperanza, nuestra libertad, nuestro honor, nuestras promesas, nuestra bondad, nuestra solidaridad o nuestra independencia. Bellas palabras, elocuentes en todo caso. Son palabras contrahechas, palabras-con-decoración. Palabras que terminan en sí mismas. Mi favorita es la palabra independiente, palabra-disfraz donde las haya, de mucho éxito en nuestro pueblo, muy traída y llevada de boca en boca, independientemente financiada. Cualquiera diría que se trata de una palabra doñeadora, generosa de cintura para abajo, ligerísima de articulación, avezada cobradora de asaltos mercenarios, toda ella llena de cosas ricas y con capacidad autónoma para contener al mundo. Cualquiera diría que de tanto convivir juntos la independencia (lo independiente), perdió su virginidad ante los requiebros amorosos del interés, palabra macho, vocablo seductor como ninguno. Palabra-don Juan, este interés.
¿Adónde nos lleva la palabra independiente? ¿Quién es el adalid de esta manoseada palabra, quién la invoca y con qué sentido? Independientes conozco yo independientemente aliados, que no es mala independencia. Asociaciones se crean independientes, y grupos y sociedades, sin atender para nada a las posibles contradicciones terminológicas, independientemente protegidas por no sé qué clase de dependencia, económica, social y política que a algún independiente puerto dicen que nos llevan.
HOMOSEXUALES
Soy de la opinión de que un periódico puede llevar la voz, y si me apuran, el grito, pero no la eficacia. El papel denuncia el trance, pero no lo remedia; lo expone, lo descubre o lo anticipa, cuando el periodista es avispado, pero no puede ni enmendarlo ni corregirlo. Y tampoco creo que pueda despertar conciencias perezosas. No obstante, decido escribir sobre el caso de los dos homosexuales agredidos en Cádiz, procurando, como es mi costumbre, no ponerme ni ético ni ático.
Yo creo que los agresores del asunto aún no han comprendido aquello que con lucidez de clásico me dijo una vez el viejo Sartre, mientras la adúltera Simone me arañaba la espalda en su alcoba, como acostumbran a hacerlo las jóvenes modositas:
-Estamos condenados a ser libres, petit chat.
Pero para tener conciencia de esto hay que estar humanamente activo, tener la mente despejada de fimosis y no ser moralmente imbécil. El que se sigue asustando del comportamiento sexual de otra persona sólo porque difiere del suyo, como el que no acepta la pluralidad de culturas o la diversidad étnica y religiosa, es un cojitranco mental y un baldado socialmente hablando, pues no llega a discernir su realidad como individuo más allá de cualquier compartimento estanco en que lo ubiquen.
Así las cosas, con el pataleo a dos gays y el insulto de acuñación española "maricón", continuamos pagando tributos a la Santa Inquisición, esa madre frígida que sigue teniendo España. Porque España es Trento. Si se ve a dos homosexuales en actitud no contemplativa, sino cómplice, por no decir íntima, ya se creen que esto se va a convertir en Sodoma y Gomorra pero en vicioso total. Es como cuando en los colegios de monja prohibían las clases de educación sexual por considerar que la formación en tales materias era una invitación clara a la fornicación y al marxismo. Las educandas, desgarradas ya su inocencia y su candor, se entregarían a los placeres con perplejidad y prontitud, abandonadas ya para siempre su fe y su moral y sometidas al vicio y al Che de manera irremisible e irremediable.
La cara actual de la misma moneda, el lado retrógrado de esta manera de ver las cosas, es la caza de brujas homófoba por parte de jurásicos que como no satisfacen su deseo en el tálamo como es debido administran sus fuerzas apaleando gays, después de una actividad solitaria mortificante. Y es que, educados en el rigor coronado de incienso de los escolásticos padres prepucios, aprendieron a ordenar sus sentimientos de culpa, pero no su libertad.
EDUCACIÓN
Debo confesar que no acabo de entender qué es lo que ocurre con la educación, esa cosa que nos faltaba cuando niños, porque nosotros éramos de los que no le dejábamos el sitio a la ancianita en el autobús y las tardes las dedicábamos a llamar al portero automático de algunos bloques. Y lo siento de veras, pero nuestro deseo, siempre provisional, era ser gamberros sin concesiones.
Ahora que los niños no son gamberros y se entretienen con los halagos de la cibernética, ahora que añoro el vertiginoso huir de la noche en la plaza, me dicen que nos estamos quedando sin educación, o al menos que la educación parece algo secundario, adicional o meramente anecdótico, subordinado al caprichoso ir y venir de presupuestos, de acuerdos siempre confusos o de simples obras que tratan de reformar los edificios pero no la educación.
Uno abre el periódico y se entera del revuelo que hay. Nadie está contento, ni los padres, ni los alumnos ni los profesores. Aquí hay un colegio donde no se cubren las vacantes de tres profesores, allí un instituto con carencias de personal, allá otro cerrado por obras, un poco más adelante nos encontramos con un camino intransitable por donde han de coger los niños sorteando obstáculos o abriéndose la cabeza. Y no es que me esté quejando, porque uno no es un exquisito, pero a estas alturas uno cree que son necesarias unas condiciones mínimas de trabajo.
Pero entre qué gente estamos, me preguntaba Larra el otro día mientras paseábamos por el Puerto, qué es este ruido, qué es este caos, dónde han ido a parar la educación y el sentido común, qué hacen unos niños manifestándose con pancartas, qué ocurre que no están en el colegio. Pues no lo sé, oye, será una nueva plataforma contra la estupidez, ahora que se han puesto de moda.
Lo que ocurre es que a uno, siempre ingenuo y poco avispado, le sorprenden mucho estas cosas. Cuando nosotros estudiábamos, la vuelta al cole era un acontecimiento con el que manteníamos un enfrentamiento sentimental; era el nuestro un amor/odio con la escuela, porque aunque nos acotaba los placeres cotidianos y caniculares, nos proporcionaba la novelería del estreno. El inicio del año escolar portuense parece que ha sido frustrado en muchos centros, con la confusión esa de siglas y de logses que hay ahora, que sólo entienden los pedagogos y los aficionados a los laberintos mentales y los problemas logísticos. Y es que este año, en El Puerto, no ha existido más vuelta al cole que la del estipendio gastado en El Corte Inglés.
PARO Y PROPINA

Mira Agustín, que no, tío, tú porque eres muy joven y no sabes de estas cosas y te lo crees todo, y no te culpo, verás, te comprendo, que los jóvenes queréis trabajar y aceptáis lo primero que os ofrecen y creéis que toda medida que se tome para paliar el mal está bien, pero yo soy viejo en esto y te digo que no, macho, que eso no va, que yo he escuchado muchas veces lo de los programas de incentivos y no solucionan nada, no sé porqué, pero es así, que lo que quiere el parado es trabajar y ya está, que lo que interesa es el empleo, todo lo demás son trapicheos del poder y las empresas, y no culpo a Hernán, eh, que mira, llegó el hombre como si nada y ahí está, dando el callo, menos da una piedra, haciendo lo que puede, que por lo menos se ve honrado, otra cosa no, pero honrado por lo menos, que no se lleva un duro de nadie, eh, no dará trabajo, pero tampoco lo quita, se ha equivocado con los impuestos y otras cosas, ya, pero no le roba a nadie, al menos eso creo, no como los sinvergüenzas de arriba, como te digo una cosa te digo la otra, que yo no me acuesto con nadie, eh, sólo digo lo que pienso, y este hombre como que está haciendo lo que puede, mejor que lo que hemos tenido hasta ahora creo que sí, no sé qué opinas, pero eso de los incentivos te digo yo que no funciona, como el otro invento de la Solidaridad, ahí nada más que ganan las empresas, cuatrocientas mil se llevan de cada uno, cómo te quedas, yo flipo, pero ésa es la cosa, que hay que mamar y darles lo que quieren, si no aquí no trabaja nadie, que por huevos hay que tragar con el capitalismo, y no hay otra; aquí se acabó ya el cachondeo, si no al tiempo, aquí nada más que ganan las empresas, el capitalismo salvaje y el gobierno, si no ya verás, que estos de Madrid se han propuesto entrar en Mastri por cojones y aquí lo pagamos todos, y más que tiene que venir, ya verás como se acaba el cachondeo del subsidio, al tiempo, te digo yo que es así, Agustín, y los jóvenes prepararse, que la cosa está cruda, y aquí no dan propinas más que a las empresas, lo de siempre, el señorito que no esté triste, y el obrero que mame, ya ni pan, tío, al tiempo, como que estamos desprotegidos ante el poder y la patronal, eh, que aquí cada cual barre para dentro, y lo mismo hacen los sindicatos, eh, no te vayas a creer, que ésos no miran nada más que por ellos, si no eres del sindicato no pidas nada, ni pan, tío, ya ni pan, paro y propina, para las empresas, claro, el obrero que se tire a la calle a pedir, y venga pactos con las empresas, y venga cachondeo, yo creo que manda cojones, ¿no?, y si fuera otra cosa, bueno, pero es sólo trabajo, yo creo que no pedimos tanto, ¿no, carajo?

TAMAGOTCHI

Los educadores modernos, los psicólogos infantiles y otros moralistas de final de siglo andan escandalizados por los efectos perniciosos que pueda tener el juguetito llamado Tamagotchi. Viene éste a sumarse, por tanto, a la lista de enemigos de la humanidad encabezada por la televisión, ese monstruoso aparato al que muchos acusan ya de ser el principal responsable del fracaso escolar de sus hijos y de los fiascos en el tálamo a la hora del apareamiento. Poco más o menos las acusaciones vienen a ser las mismas para todos. Por no ser pesado, debido a problemas espaciales y porque no me corten el artículo, nombraré sólo algunos de los crímenes contra la humanidad que se les imputan. Según los muy preocupados por el hombre, estos artilugios y otros de similares características idiotizan, manipulan, coartan la libertad, reducen la capacidad crítica y de discernimiento, debilitan la facultad de percepción y hasta consumen la identidad psíquica del que se atreve a hacer uso de ellos y escuchar lo que con intenciones sutiles y aviesas propagan. Hay también quienes creen que pueden suscitar sentimientos de culpa y confusión afectiva y recomiendan juegos más inocuos o livianos.

Yo no me quiero unir a la cuadrilla mesiánica que denigra todo lo que no entiende. Tampoco le cantaré un panegírico al Tamagotchi, no es lo mío la apología de la estupidez. El juguetito me parece un ejemplo perfecto de la vacuidad consumista y una prueba definitiva de la decadencia de nuestros anhelos, pues nos dejamos arrullar por un vacío de pitidos. Pero de ahí a mantener un enfrentamiento con un aparato con forma de huevo hay un trecho que me niego a sortear. Además, las consecuencias no me parecen tan funestas. Creo que a lo más que puede llegar el Tamagotchi es a lo que han llegado la Barbie, la Cindy, la Nancy y otra muñecas yugulantes que han metamorfoseado a media juventud. Creo que la primera fue la Barbie, que impuso su dictadura y empezó a perpetrar crímenes. Son estas muñecas duplicados de meretrices de papel cuché, en especial de la prensa uterina o extrarosada, y modelos para las niñas que juegan con ellas, que encuentran así un ejemplo a seguir. La niña se transforma en la Barbie mediante repetidos esparcimientos festivos. Quien no se lo crea que salga a la calle y observe. Luego le sacaron a la muñeca un novio, y ya todos los jóvenes somos como Ken, un chulo que sirve para tener contenta a la Barbie, ¿se dan cuenta?
En cuanto al Tamagotchi, si vivir es creer y esperar, mentir y mentirse, qué más nos da, queridos moralistas, y aun a costa de la apariencia, disfrutar de la armonía del vegetal.
URGENCIAS

Uno se pasa la vida echando firmas, plasmando ideas innecesarias y huecas sobre el papel, tan inútil, grabando su porcelana o su tinta, que a veces pretende expresar una imagen entresoñada, real o ficticia, a veces mediocre, como la verdad de la historia. Y le piden a uno una firma para una causa justa, qué duda cabe, y esa rúbrica impresa, lacónica, es ya la manifestación solidaria contra el paso furioso de la razón incendiaria o vindicativa. Yo opino de todo porque me he dado cuenta que no entiendo nada. Aunque entender, lo que se dice entender, no entiende nadie. Así que me quedo en la lógica estética de la ética que me invento. No sé si alguien pidió firmas para impedir la devastación de Valdelagrana, esa apoteosis urgente de derroche, entrevista apenas y concluida al fin, tan callando. Lo cual que nos han quitado los eucaliptos. Entendámoslo al fin: en el cambalache que rige toda solución nos venden pisos a cambio de sombra y fresco a la orillita del mar. ¿Dónde centralizan ahora todos esos árboles? No lo sabe uno, pero sospecha, siempre perspicaz, que serán cenizas, mas tendrán sentido.
Hablaremos ahora de otra causa, y daremos nuestra firma, si se da el caso. Me lo dicen por la calle:
-Que nos quitan las urgencias de Pinillo Chico.
Ay, y se las llevan al Carmen, con esa urgente mediocridad de la conveniencia. Resulta elocuente y hasta informativo de lo que ocurre en una ciudad esta manía centralizadora que a todo el mundo le ha entrado, solapadamente y de pronto, quizá para atenuar de alguna manera todas esas reformas necesarias que nunca se han hecho. Y además vienen a cambiar nuestro roman paladino: no se eliminan urgencias, no se suprimen servicios, se centralizan, que al parecer es palabra de mucha enjundia. Se ve que estos chicos han ido a la universidad y saben decir fino que van a abrir y cerrar el esfínter a la toilette.
No sé si alguien se ha percatado del matiz final, del fondo último de la cuestión, de la razón notoria que gobierna la sentencia: tal vez los chicos del SAS pretenden conferirle a la palabra "urgencias" toda la carga significativa que puede tener, que es como decir: "se prohibe el paso a toda persona que no acuda con la urgencia necesaria", de ahí que se eliminen servicios, para que la gente cuando acuda, acuda con urgencia. Si usted, pobre enfermo, y esto es un suponer, no evidencia los síntomas de rigor (de rigor mortis) no acuda a urgencias, hombre, y así podrá comprobar, siempre al fin, el fluir poético de sus médulas por la nada, que serán ceniza, mas tendrán sentido, polvo serán, mas polvo enamorado.
ORÁCULO MANUAL
Yo he comenzado ya a santificar estas fiestas que nos vienen leyendo el Oráculo manual y arte de Prudencia de Baltasar Gracián, lectura añeja y llena de tiempo, pero muy provechosa para un espíritu maleado como el mío. Porque conviene ser discreto para conseguir que le lean a uno con deleite los que sólo lo hayan hecho con prejuicio. Y ya que en mi columna trato sobre todo temas municipales (es mi deseo ser cronista municipal), querría no ofender con mis chascarrillos el entendimiento de las gentes. Tomo buena nota de lo que va ocurriendo por darle gusto a todo el mundo, como los políticos, e imagino que cada persona que lee mi artículo es un voto que me voy ganando.
Pero me lo advierte Gracián mediando el libro más o menos: "ojo, que la mitad del mundo se ríe de la otra mitad, con perjuicio para todos, tío, así que cuidado". Y efectivamente así es. La sentencia del barroco viene a ser variación sobre un mismo tema, aquello tan repetido de que el hombre se alimenta de otro hombre y de su mujer si se descuida. Un ejemplo de esto mismo lo tenemos también aquí en el pueblo, o en la ciudad, como quieran los enamorados, que no me voy a pelear por un cacho de tierra. No hay más que pasar por la noche junto a la tapia del instituto Pedro Muñoz Seca, por ejemplo, con la mirada de Don Antonio a la espalda, y ver el tráfico mercenario de la meretriz, a mitad de camino del aborto, los anticonceptivos y el amor libre. No hay más que entrar en las sombras de la ciudad y ver la otra mitad de las gentes, la otra cara del pueblo, dormida para siempre, entre la reincidencia y la incoherencia. Como no pudieron ser consecuentes se han quedado sólo en reincidentes. Son los yonquis, los vagabundos, los desheredados, los criminales, los desahuciados del mundo y de la gloria, la mitad del pueblo que murió de la otra mitad.
Pasea uno por El Puerto y comprueba que da igual la ciudad, que vivimos una realidad misma en un pedazo de tierra más pequeño. Hojea uno los periódicos y advierte que sólo hay una noticia, que el hombre explota al hombre y ya está, con mil variantes sacadas de una chistera parecida. La mitad del mundo muere de la otra mitad, ya se sabe. El hombre ha perdido todas las coartadas para justificarse. Como no puede ser consecuente se ha quedado en reincidente, como la mitad de la que se alimenta. Queda sólo la libertad vaga de inventarse un espacio, a salvo entre una mujer, una comida y un libro. Sin filosofías. A la espera de la caída golfa y lenta de la noche mientras gime el día.
PASEO EN NAVIDAD
En estos días navideños conviene darse un paseo para aliviar fatigas y para reencontrarse con lo real, lo cotidiano, y verlo con ojos nuevos, y resarcirse con esta visita inesperada de lo ingrato del año. Pues eso. Podríamos comenzar, si ustedes me dan permiso, con un recorrido festivo por El Guadalete, que nada dice, y contemplar el paisaje veraz de sus aguas cristalinas, donde Hernán se mira en la noche y piensa en el pueblo; y oler el suave deslizar de sus aguas, como un perro muerto y podrido tirado en mitad del día. A las parejas de donceles enamorados se les recomienda la bajada a la orilla, cañaveral turbio de barro cuyo hedor resulta afrodisíaco en los días de levante. A los espíritus más selectos les conviene hacer un recorrido por la Ribera del Marisco, parada obligadísima si viene usted por primera vez a El Puerto, para allí visitar el afamado Romerijo, aún de luto por la catástrofe del Bobo. Los más reflexivos tendrán la coartada perfecta para hacer una meditación trascendental sobre lo beneficioso que resulta un atracón de crustáceos de vez en cuando. Pero si lo suyo es la mordacidad bien regulada, nada mejor que una parada en alguna de las muchas hamburgueserías de la ciudad (recomendaría alguna, pero está feo), donde podrá reflexionar amargamente sobre la degeneración de la gastronomía, o si lo prefiere, sobre el imparable avance del colonialismo norteamericano a base de hamburguesas y tomate ketchup. Si es un amante nacionalista defensor de lo autóctono y enamorado de la cultura ibérica podrá lamentarse a placer por la afluencia de restaurantes chinos, italianos, mexicanos, argentinos, americanos, etc., y llorar sin tregua la pérdida de señas de identidad a la que estamos sometidos.
Por todo el centro de la ciudad encontrará ejemplos repetidos de la ambigüedad navideña, en fondo y forma, especialmente en Luna, donde cabe detenerse para tener una visión cósmica del momento; allí los amargados y otras especies de escrupulosos podrán hacer la crítica típica y habitual del consumismo navideño y etcétera, que a mí me aburre hasta el sueño y las ganas de comer. No olvidar el examen de conciencia y la visita a los templos para renovar los votos. Así como los ejercicios de contrición, y amén.
Ya en la noche se aconseja recorrer los rincones más inhóspitos de la ciudad en busca de emociones fuertes (salidas de tono, encontronazos con navajeros, asalto de prostitutas: "anda, hijo, un ratito, que me hace ilusión", y esas cosas). Previamente nos habremos informado en la oficina de información y turismo más cercana. En fin, me quedo sin papel. Mañana nos vamos de compra.
EL PUERTO VA BIEN
Salvo algunos problemas que quedan aún por solventar, como son la mayoría de ellos, parece que El Puerto va bien. Por supuesto que quien quiera ser riguroso y maldiciente y sobrepasar los límites convencionales permitidos por el criticismo, lo hallará todo muy mal. Pero yo no soy de esa condición, yo me lo creo todo, porque yo no soy de esos que ponen una palabra tras otra para cambiar la Historia y la Vida, y para ser más alto, más guapo y más rico. Yo no. Yo estoy contentísimo. Porque uno se alegra cuando descubre que los responsables políticos se acercan al pueblo para manifestarse junto a sus ciudadanos por lo mal que están las cosas. Ésta es la España de la rabia y de la idea, que decía mi admirado don Antonio, y ésta es la que a mí me gusta. Y aquí es donde se engendra el hombre-plataforma, que con esmero diario genera un clima social sin crispación, fomenta la solidaridad y la tolerancia, y propicia el aumento de vida en común.
A mí no me cabe duda de que gracias a la afluencia de plataformas, asociaciones y colectivos, corporaciones, asambleas y areópagos, el Puerto va bien, como España va bien, según nos dicen nuestros señores del gobierno desde sus atalayas gubernamentales. Por eso, y porque se tengan en cuenta mis propuestas de mejora civil, he elaborado una lista de plataformas que propiciarían un adelanto cuantioso y cualitativo en la calidad de vida:
-Plataforma independentista de populosos amigos de Hernán.
-Plataforma unificada a favor del avance en el estudio de mecanismos inmunológicos implicados en las reacciones medicamentosas.
-Plataforma logística de amantes de Los Toruños.
-Nueva plataforma democrático-democrática de apoyo a la zona Norte, con especial incidencia en la urgente necesidad de las urgencias.
-Plataforma democrático-consumista de almejas y navajas en Valdelagrana.
-Plataforma portuense para la continua y masiva recogida de firmas, a ser posible en el mundo entero.
-Plataforma libertaria y fronteriza "Sierra San Cristóbal". ¡Por un mundo sin fronteras! ¡Queremos que Jerez y El Puerto se unan en abrazo fraterno!
-Plataforma revolucionaria y concienzuda de insumisos, objetores y administraciones de loterías del Estado, unidos bajo la pregunta siguiente: ¿por qué hacerse insumiso y sufrir los estragos de un encierro cruento e injusto, como Rafael Ruiz, cuando el gobierno te libra del problema militar o defensivo con un golpe de bolas?
LOS SEA BEES

Yo, que soy un reflexivo, me asomo todas las mañanas a la ventana para ver el mar. Cosas que hace uno. El otro día me encontré un desembarco en la playa. Es lo que ocurre cuando existe una convivencia pacífica con el extranjero. Antes a los yanquis de la base de Rota se les temía o se desconfiaba de ellos, y ahí están las canciones de Carlos Cano y de otros para corroborarlo, aunque ahora, en la actualidad más actual, Javier Ruibal vuelve al tema con una canción en su último trabajo. Tampoco habrán cambiado tanto las cosas. De vez en cuando vemos a una pareja de americanos de la base y las señoritas reciben la visita con cierto alborozo. "How are you?", le dicen los tíos, y no hay más que hablar. Así son las mujeres. Los americanos es que viven muy preocupados por la vigencia de sus encantos ante las adolescentes, y por eso se ponen altos, se tiñen el pelo de rubio o de moreno, según los casos, y se colocan lentillas de colores. Nosotros, que seguimos siendo gentes de medio pelo, aún tratamos de enamorarlas mediante procedimientos obsoletos, y claro, no es lo mismo. La mujer actual es que está cada vez más exigente y no se conforma con el novio formal, lo que ahora buscan es un hombre que les dé un hijo, pero que no sea el padre, quieren ser madres solteras o algo así. Verán, una cosa muy rara, y por eso se buscan a cubanos fornidos y corpulentos, americanos resistentes y membrudos y cualquier otra especie de escogido, siempre y cuando tengan algún acento que les distinga. La televisión es que les enseñó a escoger primero las compresas con alitas más adecuadas, luego se pusieron a elegir al médico de cabecera, al dentista, al ginecólogo, y van ya por el padre adecuado, por eso de la genética y por dejar claro quien manda aquí.
Esto y otras cosas las comento con Manolo, el del puesto de prensa, mientras vemos los carros de combate adecentando la playa, que falta le hace.
-Yo me pongo el casco ahora mismo por si acaso, Manolo, que nunca se sabe.
-Tú es que eres un reflexivo, Agustín.
Y me voy a ponerme el casco. Me sorprende ya en casa no escuchar los asaltos matinales de mis vecinos de abajo, que disfrutan una ginecología de gritos, a la que acompañan con música de Wagner, para hacer del amor un apocalipsis. Deben de estar admirando el arreglo de la playa. Me asomo y veo que la vecina le guiña a un guapo mozo, alto, rubio, ojos azules, un ideal, y que éste le corresponde ante la ignorancia del marido. Vaya pájara.
LOS "SEA BEES" 2.
Escribo este artículo aún con el casco puesto. Yo es que hasta que no terminen con los arreglos de la playa no me quito el uniforme ni en la cama, que hasta la tengo camuflada y dispuesta como trinchera, por si acaso. Por la mañana, antes de tomar la tostada y el café toco a rebato un poco, para entonarme y sobrellevar el día con ánimo suficiente, sin miedos. Ya saben ustedes lo que impone tanto anfibio con cadenas, tanto carro y tanto tanque. Los curiosos de la playa, turistas de ocasión, tienen la oportunidad de apreciar un espectáculo poco frecuente, y hasta se han disparado las ventas de metralletas de juguete. Se ve a los chavales jugando a la guerra en la playa y a los yanquis cubriéndoles la retaguardia. Así es España, con un aliado siempre detrás sacándole las castañas del fuego. La playa nos la arreglan los americanos porque algo tendrán que hacer estos señores, hay que darles alguna ocupación, no vaya a ser que se aburran y quieran largarse. Hay que ser hospitalarios.
Desconozco la impresión general que los "Sea Bees" causan en El Puerto, pero observo cierta incomodidad psicológica en el paseante común. Hay quien dice que le parece bien, hay quien afirma que es normal, hay quien sostiene la teoría de que es una maniobra política de don Hernán para ahorrarse algunos duros, y está también el que desconfía impunemente de la más que evidente amabilidad yanqui para con nosotros, que sin que medie estipendio alguno se prestan a arreglarnos la playa. Esto no puede ser, oiga. Exijo un acuerdo por ambas partes, algo así como un criterio popular unificado, que para eso somos vecinos. Pido un algo, un pacto, un armisticio, qué se yo, un abrazo fraterno, que se acabe la hostilidad, que finalice toda beligerancia de palabra.
Y que al calor de la lumbre, junto a la chimenea y el tablero de parchís, mientras el abuelo cuenta cuentos en la salita y la madre prepara palomitas de maíz en el microondas, al fin en armonía, quienes antes desconfiaron, quienes dudaron alguna vez de su vecino, disfruten de la paz con el amigo americano, porque en verdad os digo que son hombres de buena fe, que velan por nuestra paz y nuestras playas.
-Éstos están aquí para entrenarse y luego se van al golfo a matar inocentes.
Hombre, yo no creo, señora, le digo, que eso sería colaboracionismo con banda armada por parte de nuestros señores del Ayuntamiento, y eso sí que no.
"YONKIS"

En esta grata ola de populismo del bueno que vivimos surge así como por casualidad el tema de los yonkis. Habría que decir problema, puesto que el tema se trata con la seriedad que requiere toda problemática política. No sé yo si ha reparado la afición en esto que digo. El yonki, el drogadicto, ese señor en franca decadencia que te para por la calle para pedirte cuarenta duros porque quiere comerse un bocadillo de mortadela, es ahora una pieza política más en este conglomerado confuso de municipios "nacionalistas". No sólo es un votante, como usted y como yo, es también un problema, o al menos eso se infiere de las actuaciones municipales. Así como le digo. Ahora dicen que la mayoría de los yonkis que tenemos son de otras ciudades. Y yo que me río. Me cuentan que lo curioso es que provienen de Jerez, de Puerto Real y hasta de Sevilla. Claro. Este colectivo está tan poco integrado que ahora los quieren convertir en foráneos. Sólo se integran cuando votan, que no es mala integración.
Se ve que para la cosa política los toxicómanos son muy importantes. Necesitan al yonki como contraste pálido de la lábil regularidad, como la evidencia de lo malo, como fetiche vigente de la mitología del horror. Y el horror siempre está afuera, por supuesto, como advierten los nacionalistas y los histéricos. Al yonki lo ven como un rutinario del crepúsculo, como un cadáver que se acepta pero no se integra. Lo grave del tema es el tratamiento que se le está dando: convierten un asunto de interés general en una porfía particular, nos roban el nombre exacto de las cosas y dicen:
-No teníamos bastante con los nuestros que encima tenemos que solucionarle el problema a los vecinos.
-En sus ciudades no los quieren y los están echando para acá.
Cada vez que alguien habla de los nuestros y los de ellos me pongo trémulo. Sólo nos falta escuchar aquello de que cada cual aguante su vela o su cadáver. El valor del hombre viene reduciéndose al valor que le adjudican de muerto, que es cuando uno vale algo y cuando la carne podrida se cotiza cara.
Que la droga es un mal mayor de nuestra sociedad no hay ya quien lo dude; que es prudente eliminar los chutaderos, tampoco. Pero que al toxicómano no se le reconozca su ciudadanía es tema que habría que discutir. No denuncio la solución, sino las formas. Mucho me cuidaré yo de criticar las gestiones municipales de mi conquistador favorito: vive Dios que me espanta tanta grandeza. Pero, hombre, eso de que los yonkis son foráneos me suena a cachondeo. Que levanten murallas y destruyan fortalezas, vale, porque pertenece a la historia de España, pero que nos roben el nombre exacto de las cosas no lo paso.
¡QUE VIENE EL PEDERASTA
No pensaba escribir sobre el caso, pero bueno, hay tan pocas noticias atractivas y sugerentes en este pueblo pacífico y estable, que para una que sale no la vamos a dejar escapar así como así, que luego vienen tiempos de sequía y hay que recurrir al ayuntamiento, tan generoso siempre. Porque está claro que aquí no caben argumentos nacionales sesudos, eso no interesa. Yo creo que no interesan. Por eso escribo sobre el pederasta, hombre atrapado en los sueños de un niño, sin ánimos de ofender, que me ofrece la coartada para exponer mi madurada tesis del día, que pretende ser civil y nada conflictiva.
Escribo pederasta y no pedófilo porque esta última me suena como más feo, sin entrar en detalles fisiológicos de tamaña enormidad, además de que "pedófilo" no está señalado en el diccionario de la RAE, y uno es literariamente correcto y sistemático, y estéticamente conformista.
Lo que le sorprende a uno, sobre todo, son los revuelos que se arman por estas aficiones del personal, llamémoslas heterodoxas, sin ánimos de ofender, como esta otra del amigo Clinton, que se la está jugando por una mamolilla adolescente y otras actividades formativas y necesarias para el desarrollo del espíritu colonialista, como si no tuviera el hombre derecho también a una mamola de vez en cuando, oiga. Bajo mi punto de vista Clinton no ha hecho más que colonizar un territorio becado, y por tanto el tema es responsabilidad de los implicados en la coyunda. A saber: el señor Clinton y la señorita o señoritas, becarias o no, que han tenido a bien subirse o bajarse el refajo ante la urgencia o mera coacción del presidente, sin que esto implique abuso de ningún tipo, puesto que al fin y al cabo el señor Clinton es de suponer que hizo feliz a la señorita. Considero que nadie debe implicarse en la felicidad de unas señoritas, máxime cuando es de todos conocidos que la implicación siempre degenera en orgía.
El caso del pederasta Lucas es diferente, por razones obvias. Lo más afortunado que he leído sobre el tema es el editorial que los amigos de este diario dedicaron al caso, donde con exactitud cuasi científica distinguían entre pederastia y homosexualidad. En este asunto la víctima, además de ser un niño, no sale bien parado, no como en el caso anterior, donde ya se barajan cifras millonarias: nunca una mamola salió tan cara.
En fin, a estas alturas de lo oído y leído, uno cree que el pederasta Lucas se ha convertido con tanto comentario en trasunto del coco, el enemigo taimado de los niños que vive en ese territorio donde por la noche se incuba la pesadilla.
LAS TIJERAS
Mira que tienen gracia las comadres de mi barrio, oye, que me asomo a la ventana, me quedo un rato a hablar con ellas y descubro el mundo.
-Omaaaaaá.
-Qué quieres, shosho.
Y lo que pasa es que la niña pide unos duros a la ventana para comprar unos termalgines, que de dentro ha arrancado el aluvión hembra y menstrual en demanda del paracetamol y la codeína. Pero la madre niega la solicitud y frustra la intentona de la niña, porque está en la salita junto al brasero, las manos en las tijeras y los ojos en el paño bordado, como una novia de antes, cuando la vida la regía el mito pequeñoburgués de la seguridad.
Yo asisto a la escena perplejo, y pienso que unas tijeras son el arma que le queda al hombre talentoso para ganar el mundo. Unas tijeras bastan para gobernar a un pueblo con mano segura, recortando presupuestos o talando árboles con las tijeras afiladas. Si un señor ha demostrado tener talante y habilidad para sobrellevar las tormentas de un municipio, por poner un ejemplo cercano y que me entiendan, no hay más que buscarle las tijeras a ese hombre, en la mano derecha, acostumbrada a la poda y al recorte laboral, a la siega a conciencia y el retazo limpio.
Lo mismo ocurre con los dirigentes nacionales, grandes como mastodontes y antiguos como saurios. Yo no imagino una campaña electoral sin tijeras, como no existen tampoco gobiernos sin tenazas, porque las tijeras rigen el discurso político. Pongo dos ejemplos próximos: el despido libre supone un movimiento de tijeras que favorece la flexibilización de las plantillas; la red nacional de carreteras se hace, al fin y al cabo, con unas tijeras y buen pulso, que no conviene equivocarse en la planificación, que luego se monta la de la Gobernaora y no hay quien se aclare. Conviene por tanto hacer las cosas bien, porque si no los chicos de IU se sorprenden mucho y aparecen tijeras cortando la construcción de una plaza y un local social por no haber concluido no sé qué plazo.
Yo me miro las manos y me veo las uñas largas y la cutícula crecida, y deseo unas tijeras que liberen de abrojos mis dedos, que me limpien la perdida negritud infantil de mis uñas, podadas hace tiempo. Harían falta unas tijeras jóvenes para descortezar el mundo, tan viejo.
Este año para reyes creo que me pediré unas tijeras. Lo mismo le regalo unas nuevas a Hernán, para que siga cortando caminos y colocando señales de dirección prohibida en todas las calles.
PREOCUPACIONES DEL PUERTO
Igual que el artículo tiene su poética, su medida y estructura, su esquema y su secreto, así las cartas al director en las hojas de los periódicos tienen su ritmo y su voz propia. Yo me he buscado mis maestros en esto de la columna (Umbral, Campmany, Martín Prieto, Raúl del Pozo, Vicent, Cueto y por ahí) y los leo y los imito, por aprender y porque se me quede algo, y a veces hasta les copio una idea, una imagen o algún giro que me es grato, porque uno copia, pero copia con respeto. Ya me enseñó Larra que eso que los ignorantes llaman plagio no es más que una variante o resultado del aprendizaje, y que sólo los muy mediocres o los muy jactanciosos pretenden hacer creer que nunca han tomado una idea prestada.
Pues lo mismo que me leo a mis maestros, me leo las cartas al director, porque se me peguen las preocupaciones y así tener temas, que el pueblo siempre sabe lo que le preocupa. El pueblo anda muy preocupado y ya hasta se le ven las ojeras; se conoce que ni trabaja ni cobra. Yo creo que las cartas al director es lo que le preocupa al pueblo, que siempre es de letras y está lleno de letras. Abro el periódico y me quedo preocupado para el resto del día, ya tengo temas, ya tengo sobre lo que escribir: que si es una vergüenza la movida fastidiosa del fin de semana, que si es una vergüenza la subida de impuestos de Hernán, que si es una vergüenza que se meen en la calle, etc. Sumo y sigo: que si es una vergüenza, señor Alcalde, lo mal que se está llevando ese invento de Impulsa El Puerto, que si es vergonzoso, oye, el tema del puente, que eso lo tienen que pagar por huevos, etc.
Leo y leo y nada de eso levanta el vuelo lábil y sereno de mi ejercicio, que es un vuelo raso por la hoja en blanco, hasta que veo que una chica movilizada y solidaria se queja, ay, por los créditos FAD y cuenta del 0 al 7 con decimales y sin calculadora, como hacían los alumnos de antes del ESO, cuando nuestra infancia gamberra, cultivada y perdida. Yo ya utilizo la calculadora siempre, por eso no me acuerdo nunca del 0,7%, como la mayoría, porque uno es un insolidario que no tiene más preocupación que la compensación remunerada, por puro interés, y por eso me empeño cada semana en esto del artículo, por vanidad o ánimo de lucro, o simplemente porque uno cree que no lo hace del todo mal para ser un principiante, y también por ver si don Hernán se deja caer un día y me paga la columna o me hace concejal, oiga, que le saco gratis todas las semanas, que es como hacer propaganda electoral de manera continuada y esto sí que es impagable, que parezco un incondicional y un independiente, oye.
LA CIUDAD ANUNCIO
Érase que se era la ciudad más publicitaria, el paraíso de los anuncios, entre el derroche de la fiesta y el jaraneo costumbrista. Érase un lugar preferente, un rincón privilegiado a la orillita del mar. Dicen que llegó el extranjero y abrazó nuestro tipismo, y que todo fue entonces entretener y negociar, y salieron las madres a enseñar a sus niños para que vendieran la cosa, ese coche alemán o esa botellita de vino que hace las delicias del padre en la hora de la comida, como reclamos autóctonos de una ciudad marítima, orgullosa y pequeña.
Para una vez, hombre, que empiezo un artículo con lirismo, que es lo que hacen la mayoría de los columnistas, se me va la inspiración en el primer párrafo. A uno lo que le pasa es que tiene la vena lírica atrofiada, y por eso se dedica más a la denuncia de la actualidad, que es lo fácil. No hay más que abrir el periódico y encontrarse con la última de Hernán, leer por encima lo que allí se cuenta y comentarlo con empeño y fortuna, sin plagiar a la oposición siempre incansable, severa y carente de imaginación. Y que no se baja del burro. Y que de nada se ríe. Y que siempre está enfadada. ¿Sabría alguien decirme qué le pasa a esta oposición y por qué salen siempre sus portavoces con cara de mala hostia en las fotos? Un suponer: si por algún casual la fortuna nos obsequiara con la posibilidad firme de mangonear en la construcción de un campo de golf, los opositores verían intereses oscuros en esa operación. La lógica del opositor es ésa, la de ver oscuridad donde no hay más que interés. No sé yo que opinarán de las reformas en Valdelagrana, con ese espectáculo lucido y pudoroso. A ver adónde van ahora las parejitas a meterse mano. Cualquiera diría que nuestro ayuntamiento bebe en las mismas aguas populares que el de Teófila. Cualquiera diría que pretenden abolir el deseo en la playa. Definitivamente debemos afearle a nuestro ayuntamiento esa conducta pretenciosa y virginal en Valdelagrana, y que no promueve más que el fiasco entre nuestra juventud.
No nos casamos con nadie, nos limitamos a observar y a dar nuestra opinión, que es siempre sensata y plural. Al fin y al cabo no estamos con la oposición, que tiene un doble objetivo sospechoso y que oculta una contradicción, ya que se opone con firmeza a aquello mismo a lo que aspira.
Pero no era de esto de lo que nosotros queríamos hablar, sino de los anuncios. Y es que parece que nos vamos a convertir en escenario de spots y universo de slogans. Yo siempre lo he dicho, que tenemos mucho tirón fotogénico, y que salvando las distancias debidas a la independencia hay mucho hombre-anuncio, mucho partido divulgativo y mucha oposición exhibicionista. Habría que crear con talento un símil entre la política y la publicidad. Al fin y al cabo hacer política es representar con alevosía aquello que previamente habíamos anunciado.
Pero igual que hay que desconfiar de la visión que nos ofrece el político, más preocupado en seducir que en decir la verdad, del mismo modo debemos desconfiar de la mirada pasajera de la publicidad en El Puerto, porque al fin y al cabo lo que suele prevalecer es la imagen adulterada del que mira y no la simple visión de lo mirado. Que nadie se engañe y que no se interprete mal esta afirmación. Siempre independientes, somos partidarios de cuantos anuncios quieran hacer en esta ciudad tan privilegiada por tantos motivos. Vengan cuantos anunciantes, promotores y productoras quieran, y que nos hagan cuantas fotos deseen, que nosotros sabremos elegir adecuadamente la ropa del domingo y poner el lado de la cara más favorable. Y lo vamos a dejar aquí porque no quisiera abusar de la paciencia de quien me lee entendiendo este monólogo que no aspira a extenderse por no quedarse extendido.
EL DÍA QUE TODOS NOS CALLEMOS

Han dicho algunos poetas y algunos músicos que el día que todos nos callemos el mundo cambiará de ritmo y de voz. Gran verdad. Pero yo me pregunto qué pasará con las palabras ya pronunciadas, tan huecas probablemente como las que quedan por pronunciar. Pues nada, probablemente vuelvan al lugar del que salieron, al limbo o yo qué sé, porque ya no importan. Lo que importa ahora es el silencio. Varias acontecimientos en las ultimas semanas nos han demostrado lo mucho que el silencio puede expresar, lo elocuente que resulta a veces, y lo necesario, porque a veces, claro está, sobran las palabras. Y no ya por aquella banalidad de que una mirada vale más que cien palabras, o que cien mentiras, que intuyen el refranero español y Joaquín Sabina, sino porque ante lo lúgubre, ante lo dramático, ante lo insólito e inesperado no podemos hacer otra cosa que callarnos. Y por eso hemos visto en la tele esos rostros callados y llorosos ante la muerte de Diana de Gales y de Teresa de Calcuta.
Pero por supuesto que sé que siempre hay quien habla y elucubra sobre el móvil y el asesino. Pero yo opto por el silencio. ¿Por qué siempre nos tenemos que quejar con palabras? ¿Por qué no hacerlo con un silencio prolongado, casi de sepulcro? El silencio puede ser una queja destructiva o constructiva, según. Yo quisiera hacer críticas en silencio, como nos enseñaron a hacer las películas de cine mudo, con esos cómicos del silencio, esos críticos abrasivos y callados. Hacer una crítica de viñeta de periódico o de papel cuché, silenciosa y amarga, como son las de Forges, que nos hacen sonreír en silencio, que es como se debe sonreír y reír, porque la carcajada es una ordinariez y una manifestación como fingida.
Lo veíamos hace poco por televisión, cuando la muerte de Miguel Ángel Blanco Garrido, por ejemplo. Veíamos una multitud silenciosa con los brazos alzados o con las manos pintadas con el blanco del apellido. Yo incluso le quitaba el sonido a la tele, para que la voz inoportuna del locutor no interrumpiera la solemnidad del momento. Nos excedemos en palabras, o se exceden los que creen que con las palabras se puede decir todo. Especialmente traspasan los límites permitidos por el decoro y el pudor los que piensan que desde su atalaya radiofónica o televisiva, en forma de tertulia o de charla amistosa, van a cambiar el mundo, ellos, que tienen la boca tan llena de sonidos ya pronunciados. Así que enmudezco para instalarme en un silencio profundo, discordante, a esperar que la noche me encuentre callado.
FERIA, LIPOSUCCIONES Y OTRAS PROHIBICIONES
Y mira que habíamos confiado en la técnica científica, en las medidas revolucionarias y en la señora o señorita, que no lo sé, Silvia Gómez, nuestra edil de Fiestas, que es la mejor forma de ser edil y lucir el cargo, siempre de farra, oye. Me acusa una amiga feminista de machismo, a mí, y me adoctrina diciendo que ahora todas son señoras, según dicta la dura lex y la res publica. Perdón, comienzo:
Y mira que habíamos confiado en la señora Silvia Gómez y en el invento del cloruro cálcico para el albero de la feria y para no morirnos todos por los efectos del polverío, del asma y de las alergias a los ácaros del polvo. Parece que en el ayuntamiento son más partidarios de la muerte por cloruro cálcico que por los efectos perniciosos del polvo. Mucho tendría yo que decir a esto, pero no me quiero poner cachondo a estas horas de la mañana. Total, la cosa es que no funcionó el invento porque de nuevo no contamos lo suficiente con los elementos, y a medida que saltaba el levante y la manzanilla, el fino, los pulmones y el alma se nos llenaban de albero hasta las orejas, los asmáticos y los cianóticos nos moríamos bailando sevillanas sin que nadie nos diera la extrema unción. Imagínate el escándalo de los creyentes. Hubo gente que abandonó ante la grave falta de oxígeno, pero otros, temerosos de la clínica a la que le llevarían si mostraban síntomas de renuncia, aguantaban como podían. Y es que hay que ser ignorantes.
-Agustín, no permitas que me lleven a la Clínica Costa Oeste.
-Descuida, Manoli, que para eso estoy yo aquí.
Manoli es que nunca ha confiado en los médicos, y por eso el comentario. Además, que la Clínica Oeste no es para eso. Lo decía Maro en uno de sus chistes el otro día: hay que ser muy valiente para acudir a esa clínica. Cuando yo me encontraba agotado de soltar opiniones por todo, la lengua me engordaba, el labio se me caía y los comentarios resultaban obesos y obtusos. Era entonces cuando acudía al doctor Oña para que me hiciera una liposucción en la lengua y me la dejara viperina. Mucho tejido graso adiposo me han sacado a mí de la lengua. Después iba al dentista, me afilaba los caninos y ya estaba preparado para darle a la tecla y reírme de ustedes, de ellos y de mí mismo.
Pero no todas las liposucciones son carnales, hay también liposucciones urbanas, y aquí sí que no valen prohibiciones. Como a un alcalde se le meta en la cabeza hacer peatonal una calle no hay quien lo pare. Lo hizo Gil en Marbella. Lo hizo Pacheco en Jerez. ¿Cómo no lo va a hacer Hernán en El Puerto? Incluso hay fecha decidida para la semipeatonalización de la calle Larga y la calle Palacios. Con dos cojones, que para eso lo ha votado la gente, para que haga su santa voluntad y ponga boca arriba a El Puerto, llene las calles de señales de dirección prohibida y cambie el recorrido de todos los autobuses.
A estas alturas de su mandato, podríamos decir que Hernán Cortés, ese famoso conquistador portuense que pasará a la historia por su independencia popular, es un cirujano plástico que practicó la liposucción urbana con éxito, ignorando la mentalidad prohibitoria de muchos. En fin, el pueblo, que es sabio, sabrá.
Y termino porque no se me ocurre nada más; del asma bien, gracias, y la feria fue un éxito de arte y público.