AGUSTÍN CELIS SÁNCHEZ

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INTRODUCCIÓN

ALGUNAS CUESTIONES RELACIONADAS CON EL CRIMEN ORGANIZADO

          Como cada cual tiene sus propios caminos para ordenar sus ideas, quiero comenzar declarando que lo que el lector tiene entre sus manos es un libro de divulgación cultural sobre el tema de la criminalidad organizada y no un manual teórico sobre el fenómeno criminal. Conviene hacer esta observación preliminar para no causar una impresión equivocada sobre mis propósitos. Nada más lejos de mi intención que sumergirme en sesudas disquisiciones eruditas destinadas a diferenciar lo que es el crimen organizado de otras manifestaciones criminales como el terrorismo, el bandolerismo u otras realidades ilegales más o menos organizadas que actúan en el mundo, y cuyas bandas se cuentan por miles.

            Sin embargo, como resulta necesario acotar el campo para hacerlo abarcable, en esta presentación quiero trazar un breve panorama de lo que es el crimen organizado para luego centrarme en la historia de los grupos más importantes. Como mi más firme propósito ha sido en todo momento el de ofrecer una obra amena de fácil lectura y apta para todos los públicos, quiero tranquilizar a los lectores más severos afirmando que sólo en esta breve introducción me deslizo, aunque muy levemente y casi sin darme cuenta, por el odioso academicismo. En el resto del libro, en cambio, he preferido zambullirme en las pasiones populares.

           Aunque existen enormes dificultades para definir el fenómeno de la criminalidad organizada debido a la complejidad del mismo, entre las características comunes que delatan a los sindicatos del crimen podemos señalar las siguientes: 

           1. Carecen de ideología propia, lo que equivale a afirmar que no tienen un ideario político rector, sino meramente táctico, regido por el oportunismo, motivo por el cual ninguna ideología puede permanecer inmune a su influencia.

                2. Poseen una estructura jerárquica, a la vez organizada y flexible, concebida para perdurar en el tiempo, por lo que han desarrollado una alta capacidad de adaptación a las nuevas realidades.

   3. Son restrictivos y exigentes en la selección de sus miembros. Históricamente han recurrido a las características étnicas a la hora de escoger a su personal, pero últimamente parecen decantarse, sobre todo, por la exigencia profesional.

 4. Relacionada con la anterior, destacan por la profesionalidad con la que ejecutan sus acciones. La progresiva profesionalización de estos grupos los ha llevado a contratar especialistas para fines muy concretos, lo que les permite aumentar su seguridad y sus beneficios, reflejando en sus operaciones profundos conocimientos económicos, políticos, jurídicos y técnicos.

 5. Obtienen sus beneficios de actividades ilegales que desarrollan a nivel internacional, pero utilizan los negocios legales como fachadas o tapaderas para la consecución de sus propósitos ilícitos.

 6. Se valen de la violencia y de la intimidación para sus fines, pero también para hacer respetar las reglas internas entre sus familiares, allegados o asociados.

 7. Despliegan redes de influencia en la sociedad, estableciendo vínculos perdurables con personajes de las esferas políticas, administrativas, económicas y financieras, así como en los medios de comunicación de masas y en los espectáculos públicos. 

 8. Tienden a dividir las tareas como un medio de reforzar su propia estructura organizativa, de tal manera que cada una de las subdivisiones internas carezcan de una visión global de la organización.

 9. Por medio de la obediencia o la lealtad buscan una especie de consenso social que dé lugar a adhesiones espontáneas, implicaciones de carácter voluntario o a amplias complicidades que desarrollen, allí donde actúan, una mentalidad tendente a desconfiar de los poderes institucionales.

 10. Son un poder en la sombra. La suprema ideología de las organizaciones criminales es la acumulación de poder y riqueza sin límites. En este sentido constituyen un universo ilegal paralelo al de las instituciones oficiales de los distintos Estados, a los que saquean de modo sistemático, interviniendo en la economía, asfixiando a la sociedad civil y corrompiendo a la clase política.

 Obviamente, se habla de las organizaciones criminales como de una amenaza mundial. Las mafias del mundo, consideradas como universos ilegales, se presentan como los enemigos naturales de la sociedad en la que habitan la mayoría de los ciudadanos, y a menudo se insiste en la necesidad de ampliar la lucha contra el crimen organizado. Sin embargo, algunos observadores del fenómeno piensan que es inútil la lucha, e incluso que es imposible más allá de una serie de logros puntuales y meramente anecdóticos: la desarticulación de alguna banda, la detención de cabecillas o líderes, la confiscación de bienes, la incautación de importantes alijos, etc.

                La pregunta resulta obligada. ¿Por qué sospechan algunos analistas que es inútil o incluso imposible esta lucha? Respuesta: porque ya es tarde; porque desde hace al menos tres décadas, pero sobre todo desde los años noventa del siglo XX para acá, la criminalidad organizada  y los sistemas financieros actuales se alimentan mutuamente. La criminalidad se ha globalizado, las organizaciones criminales cooperan entre ellas y sus recursos son tan amplios que superan a los de muchos países. Sus ganancias son multibillonarias y las posibilidades que ofrece la economía actual para blanquear el dinero que genera la delincuencia son múltiples, desde las apuestas legales hasta las operaciones fraudulentas de los bancos controlados por los sindicatos del crimen, pasando por la invención de ganadores ficticios de loterías y casinos, los seguros de vida, los bienes raíces o las tan extendidas agencias de cambio de divisas. Las mafias ya no son lo que eran. Durante mucho tiempo se creyó que ni siquiera existían. Todavía en los años ochenta se hablaba del bajo nivel cultural de sus miembros, de su origen étnico, de la actuación territorial o de la pobreza como causa generadora de la criminalidad. Sin embargo, la naturaleza del fenómeno criminal organizado ha variado mucho en los últimos años; se ha transnacionalizado, se ha ocultado en la legalidad, se ha modernizado, pero ante todo ha diversificado sus actividades. Las mafias continúan traficando con drogas, armas y seres humanos, toda una industria que genera cuantiosos beneficios y que se extiende por los campos de la prostitución, el secuestro, el tráfico de órganos y la inmigración ilegal. Y por supuesto siguen dedicándose a la extorsión, los secuestros, el juego, el robo, la usura, el contrabando de toda clase de objetos, la piratería, el asesinato a sueldo y un largo etcétera. Pero también a los negocios legales o semilegales. En la actualidad, los negocios de las organizaciones criminales están en todas las actividades que generen beneficios, desde el cobro del clásico pizzo a la cotización en bolsa. Y a menudo, como ocurre con la mafiya rusa o las tríadas chinas, resulta imposible distinguir entre un capo de la mafia y un genio de las finanzas.

            El crimen organizado parece haberse acogido con entusiasmo al dogma neoliberal que rige los destinos de la economía. Las mafias se han adaptado mejor que nadie a esta situación, de la que salen reforzadas socialmente. Los actuales paraísos fiscales, las cuentas corrientes secretas, el continuo flujo de capitales (a menudo sin control), la venta de las empresas públicas y la despatrimonialización de los Estados, son instrumentos que alimentan la economía criminal global, que, según las más recientes estimaciones, supone entre el 2 y el 5% de la economía mundial, con el impacto que ello tiene en los mercados legales.

En cuanto a las relaciones con los poderosos, no se trata de meras fantasías literarias o cinematográficas. La connivencia existente entre la política y el crimen organizado es más que una sospecha. Basta con observar la historia reciente de países como Rusia, Italia, Colombia o México, por nombrar sólo cuatro casos indiscutibles, para advertir cómo los sindicatos delictivos precisan de los “amigos” en las altas esferas para prosperar. Y esta relación supone transitar por un camino de ida y vuelta, de ayuda mutua, de favores que unos les hacen a los otros pero que al cabo han de ser devueltos de una forma o de otra. Si además reparamos en el hecho de que el mundo de la criminalidad cuenta con la ventaja de poder operar sin límites de fronteras, mientras que las fuerzas de seguridad, salvo contadas excepciones, desarrollan sus operaciones dentro de un determinado territorio, comprenderemos que en tantos casos sus delitos queden impunes. 

Esta es, explicada muy brevemente, la situación actual del crimen organizado. Sin embargo, lo que trata de explicar este libro son las fases previas, el origen y la evolución del fenómeno a partir de las más importantes organizaciones, la trayectoria que han seguido los sindicatos de delincuentes hasta alcanzar esta situación.

Por último, conviene destacar que aunque existe un elevado número de organizaciones de carácter delictivo, en la actualidad todos los analistas y estudiosos de este fenómeno parecen estar de acuerdo en que el eje de la criminalidad organizada mundial cuenta con seis actores principales, que son precisamente los protagonistas de esta obra; a saber: la Mafia italiana, la Cosa Nostra estadounidense, La Mafiya rusa, la Yakuza japonesa, las Tríadas chinas y los Cárteles de la droga colombianos y mexicanos.




De La Historia del Crimen Organizado, Agustín Celis Sánchez, Ed. Libsa, Madrid, 2009.


© Agustín Celis Sánchez