AGUSTÍN CELIS SÁNCHEZ

Perfiles y Semblanzas

GIUSEPPE PEPPINO IMPASTATO

En la historia de la lucha contra la mafia siciliana el de Peppino Impastato constituye un caso único y trascendental, pues su protagonista encarna el más acabado ejemplo del rechazo a la mentalidad mafiosa desde dentro, la repulsa de una persona que, nacida en el seno de una familia de la mafia, decide conscientemente oponerse a ella y emprender una campaña de acoso y derribo a la cosca local a la que pertenecía su propio padre, y cuyo capo era el poderoso Gaetano Badalamenti.
Giuseppe Impastato nació en 1948 en Cinisi, una localidad que en la década de 1960 se convertiría en uno de los lugares claves de la Cosa Nostra, centro de almacenaje y distribución de la heroína en la famosa red que la mafia siciliana había construido con la colaboración de la ‘ndrangheta calabresa y la camorra napolitana, en una operación visionaria que años después, ya en los setenta, daría lugar a la “pizza connection”. El ambiente de su pueblo era, por tanto, un ambiente de “respeto”, donde la tradición mafiosa tenía raíces y donde, por ese mismo motivo, podría parecer increíble que una acción antimafia como la que llevaría a cabo Giuseppe Impastato a finales de los años setenta pudiera darse.

¿Cómo es posible que tal cosa ocurriera? Es decir, ¿cómo es posible que el hijo de un fiel y obediente colaborador de Gaetano Badalamenti se convirtiera, precisamente él, en el representante de la legalidad de Cinisi, o al menos en una piedra de disidencia absolutamente provocadora? Esta es la pregunta que cualquiera que trate de comprender el mundo de la Cosa Nostra se hace al estudiar el caso Impastato. Y la pregunta, lógicamente, no es baladí, pues los valores de la mafia se maman desde la cuna y se transmiten de generación en generación. ¿Por qué razón, pues, Giuseppe Impastato consigue escapar de su ambiente? Y sobre todo, ¿en qué momento de lucidez asombrosa comprende el joven Peppino la verdadera realidad de la mafia y comienza su juiciosa repulsa?

A este respecto conviene aclarar que el suyo no es un caso de arrepentimiento. Giuseppe Impastato nunca fue un pentito. Muchos arrepentidos de la Cosa Nostra han declarado con posterioridad a su detención que, por uno u otro motivo, acabaron asqueados o decepcionados por la mafia, o incluso que se sintieron engañados o traicionados y por tanto decidieron violar el código de la omertà por venganza o por despecho, colaborando así con la justicia en una especie de regreso a la legalidad. El caso de Giuseppe Impastato es, por el contrario, el de un hombre que, nacido en una familia con una tradición mafiosa de varias generaciones, rompe con esa tradición y se enfrenta a su ambiente en una lucha abierta que podemos calificar como suicida.
Dos motivos encuentran los estudiosos del caso para explicar la inicial rebelión del joven Peppino. El primero tiene relación con la educación que debió recibir por parte de su madre, Felicia Bartolotta, una mujer unida a la mafia por matrimonio, pero que no había sido criada en un ambiente mafioso por no pertenecer a una familia vinculada a la organización. Y por tanto, es de suponer que no ejerció el relevante papel que las mujeres de la mafia tienen como educadoras de los futuros hombres de honor y hasta como garantes de la mafiosidad de la familia. El segundo motivo debemos considerarlo una especie de bautismo en el rechazo, la iniciación en la repulsa a todo lo que oliera a mafia, el descubrimiento de la criminalidad más sanguinaria de su entorno. Ocurrió en 1963, cuando Giuseppe Impastato contaba con tan sólo quince años. Aquel año, un tío político suyo, Cesare Manzella, que era por entonces el capo de Cinisi, murió asesinado en uno de aquellos Alfa Romeo Giulietta cargados con TNT que tan utilizados fueron durante la primera guerra mafiosa. Según parece, el cuerpo de Cesare Manzella quedó completamente destrozado, hasta tal punto que llegaron a encontrarse trozos de su cuerpo colgando de unos limoneros que se hallaban a trescientos metros del lugar de la explosión. Giuseppe Impastato quedó horrorizado ante tal acontecimiento, y fue a partir de entonces cuando inicia el camino de no retorno que sólo finalizaría el 9 de mayo de 1978 con su propia muerte, asesinado por orden de Gaetano Badalamenti de un modo muy similar al de su tío quince años antes.

Visto con la suficiente perspectiva histórica, podemos decir que Giuseppe Impastato se convirtió en un activista de la izquierda más radical. Con tan sólo diecisiete años dirigía mítines y coeditaba una gacetilla política llamada El Ideal Socialista, donde escribía una serie de artículos destinados a proclamar las fechorías de la mafia y de la cultura mafiosa. Uno de ellos, titulado “Mafia: una montaña de mierda”, escrito y publicado en 1966, provocó un grave enfrentamiento con su padre y le valió la expulsión de su casa; este hecho supuso una importante ruptura, pues en el entorno de los hombres de honor, la familia mafiosa está por encima de la familia de sangre, y ya entonces algunos de sus parientes hablaron de la conveniencia de darle el paseo al joven Peppino.

A partir de entonces, la actividad de Giuseppe Impastato fue la de un militante izquierdista casi de manual: militancia en la Democracia Proletaria, campañas en apoyo a los campesinos, mítines aquí y allá, crítica ideológica a los hippies que habían renunciado a la lucha política en favor de las frivolidades, denuncia de la política emprendida por el Partido Comunista Italiano cuando este decidió respaldar a los gobiernos de la Democracia Cristiana con el llamado “compromiso histórico”, etc.

Pero la situación se hizo realmente insostenible unos cuantos años más tarde. En 1977 funda con un grupo de amigos y colaboradores Radio Aut, una emisora privada que le va a servir de tribuna para socavar los principios de la mafia proporcionando argumentos a la sociedad civil que vivía ajena a los ambientes mafiosos, o directamente de espaldas; lógicamente a la otra cara de Sicilia. Poco a poco, la rebelión de Peppino Impastato se iba convirtiendo en una evidente revolución. Desde Radio Aut, con programas satíricos como Onda Pazza, Onda Loca, y recurriendo al humor y a lo procaz, Peppino y sus amigos se dedicaron a parodiar a Tano Badalamenti y a dirigir sus sátiras a lo que ellos denominaban la “Mafiópolis” y su “Mafiacipalidad”, en lo que era una crítica abierta a la localidad de Cinisi y a su ayuntamiento en manos de la DC.

Obviamente, la rebelión protagonizada por Giuseppe Impastato puede ser considerada valiente, incluso heroica, pero también alocada, ingenua y hasta inconsciente. De modo imprudente, con el propósito de sacudir la modorra de la sociedad civil, Peppino Impastato estaba cavando su propia tumba. Lo que no queda claro es si era realmente consciente de los riesgos que corría. Y aquí podemos hacernos una pregunta cuya respuesta aclara y explica el final de la historia. ¿Creyó Peppino que el hecho de que su padre fuese un hombre de honor cercano a Badalamenti lo protegía de alguna forma de la reacción del jefe de la cosca mafiosa? Respuesta: indudablemente. De hecho, años después Felicia Bartolotta declararía que Badalamenti solía llamar a su marido para quejarse de la actitud de su hijo, y que su marido le suplicaba una y otra vez que no matara al muchacho.

Ahora bien, en la mentalidad de la Mafia el comportamiento de los familiares de un hombre de honor repercute inevitablemente en el grado de respeto que el mafioso merece. Al igual que el honor de un mafioso confiere prestigio a su parentela, el buen o mal comportamiento de los suyos redunda positiva o negativamente en su honor. Y por ese motivo, con su actitud transgresora, Giuseppe Impastato no sólo se estaba enfrentando personalmente a la mafia, también estaba deteriorando el respeto de su padre dentro de la cosca de Badalamenti. Y su padre, al tratar de protegerlo, estaba inevitablemente violando una de las normas más sagradas de la Mafia, la de la lealtad, puesto que estaba anteponiendo los intereses de su parentela a los intereses de la Cosa Nostra. Seguramente, al no saber cómo controlar a su hijo, Luigi Impastato, el padre de Peppino, fue dejando poco a poco de ser digno de confianza y, por tanto, se convirtió en un miembro prescindible. Curiosamente, o no tan curioso, moriría atropellado por un automóvil en septiembre de 1977, tan sólo unos meses antes de que fuese asesinado su hijo.

En cuanto a Badalamenti, para comprender su actitud, debemos tener en cuenta que la revolución que había iniciado Peppino no consistía únicamente en un duelo personal con el capo de la Mafia de Cinisi. Seguramente, más que los insultos personales de que era objeto, lo que le preocupaba a Badalamenti era su descrédito como jefe de su familia. Al golpear directamente en la mentalidad mafiosa, Peppino estaba golpeando en el arraigo social de la mafia en el feudo de Badalamenti, sin olvidar la gravedad que implicaba el hecho de que Peppino fuera hijo de un hombre de honor. Giuseppe Impastato no sólo había renunciado a la obediencia que le debía al capo de la cosca a la que pertenecía su padre, también se había convertido en un peligroso obstáculo para la maquinaria mafiosa por el ejemplo que representaba al haber conseguido librarse personalmente de aquella mentalidad.

Para proteger el consenso y el arraigo social que todo capo de la mafia debe poseer para hacerse acreedor de respeto, Gaetano Badalamenti decidió acabar con la vida de su enemigo. Pero aún más, la muerte de Peppino debía ser desproporcionada, una verdadera demostración de fuerza, a la vez que una ejecución ejemplar dentro de la más clásica tradición mafiosa. Es decir, todo el mundo debía saber que había sido asesinado por la Mafia, pero al mismo tiempo la Mafia debía quedar libre de toda responsabilidad.

La noche del 8 al 9 de mayo de 1978, los hombres de Badalamenti secuestraron a Giuseppe Impastato y se lo llevaron a una choza cercana a las vías del tren de la línea Palermo-Trapani. Allí lo golpearon con una piedra, lo torturaron y luego depositaron su cuerpo junto a las vías con varios cartuchos de dinamita atados al torso. A los pocos días el Corriere della Sera informaba brevemente de lo ocurrido en Cinisi con este titular: “Fanático izquierdista destrozado por su propia bomba en la vía férrea”. La estrategia diseñada por Badalamenti y los suyos se había llevado a cabo a la perfección. Asesinaron a Peppino brutalmente, pero supieron aprovechar su militancia izquierdista radical para hacerlo pasar por terrorista. No era difícil; al fin y al cabo Italia vivía en aquellos años la pesadilla de las llamadas “Brigadas Rojas”, que poco antes habían secuestrado y asesinado al ex primer ministro Aldo Moro, cuyo cadáver apareció curiosamente el mismo día de la noticia de la muerte de Peppino. Sin embargo, en Cinisi todo el mundo sabía la verdad; Giuseppe Impastato no era un terrorista y su muerte era responsabilidad de la cosca mafiosa de Tano Badalamenti. Pero cómo demostrarlo.

Para complicar aún más las cosas, la investigación posterior que llevaron a cabo los carabineros fue de una negligencia alarmante, cuando no sospechosa. Al parecer el informe de las fuerzas de la ley ni siquiera hacía mención de la choza, y tampoco de una piedra que había aparecido con restos de sangre y que evidentemente pertenecía a Peppino. Fueron los amigos del asesinado quienes encontraron la piedra en la choza y la llevaron a analizar. Cuando acudieron al lugar en el que había sido asesinado, aún tuvieron que llenar varias bolsas con los restos esparcidos de Peppino.

Durante años, la investigación sobre el caso Impastato fue indolente y descuidada, hasta el punto de que en 1984 los jueces de instrucción llegarían a declarar que Peppino había sido realmente asesinado por la Mafia siciliana, pero que era del todo imposible identificar a los culpables por falta de pruebas concluyentes. Ocho años más tarde, el caso fue abierto gracias a la iniciativa de algunas personas cercanas a Impastato y a la investigación personal del historiador Umberto Santino. Aún así, habría que esperar hasta 1999 para que algunos arrepentidos de la mafia nombraran a Badalamenti como responsable de aquella muerte. Para entonces, el capo de la cosca de Cinisi estaba cumpliendo condena en una penitenciaria de Nueva Jersey, en los Estados Unidos, donde había sido encerrado por tráfico de drogas en la operación Pizza Connection. Llamado a juicio por el caso de la muerte de Giuseppe Impastato, en abril de 2002 Gaetano Badalamenti fue condenado a cadena perpetua por haber ordenado el asesinato.


En el año 2000 la historia de Giuseppe Impastato fue llevada al cine con gran éxito por el director Marco Tullio Giordana. Titulada Los Cien Pasos, obtuvo el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia. El título de la película hacía referencia a la distancia exacta que había entre la casa de Peppino y la de Gaetano Badalamenti.




De La Historia del Crimen Organizado, Agustín Celis Sánchez, Ed. Libsa, Madrid, 2009.


© Agustín Celis Sánchez