GIUSEPPE PEPPINO IMPASTATOEn
la
historia de la lucha contra la mafia siciliana el de Peppino
Impastato
constituye un caso único y trascendental, pues su
protagonista encarna el más
acabado ejemplo del rechazo a la mentalidad mafiosa desde dentro, la
repulsa de
una persona que, nacida en el seno de una familia de la mafia, decide
conscientemente oponerse a ella y emprender una campaña de
acoso y derribo a la
cosca local a la que pertenecía su propio padre, y cuyo capo
era el poderoso Gaetano
Badalamenti.
Giuseppe
Impastato nació en 1948 en Cinisi, una localidad que en la
década de 1960 se
convertiría en uno de los lugares claves de
¿Cómo es
posible que tal cosa ocurriera? Es decir,
¿cómo es posible que el hijo de un fiel y
obediente colaborador de Gaetano
Badalamenti se convirtiera, precisamente él, en el
representante de la
legalidad de Cinisi, o al menos en una piedra de disidencia
absolutamente
provocadora? Esta es la pregunta que cualquiera que trate de comprender
el
mundo de A
este
respecto conviene aclarar que el suyo no es un caso de arrepentimiento.
Giuseppe Impastato nunca fue un pentito. Muchos
arrepentidos de
Dos
motivos
encuentran los estudiosos del caso para explicar la inicial
rebelión del joven
Peppino. El primero tiene relación con la
educación que debió recibir por parte
de su madre, Felicia Bartolotta, una mujer unida a la mafia por
matrimonio,
pero que no había sido criada en un ambiente mafioso por no
pertenecer a una
familia vinculada a la organización. Y por tanto, es de
suponer que no ejerció
el relevante papel que las mujeres de la mafia tienen como educadoras
de los
futuros hombres de honor y hasta como garantes de la mafiosidad de la
familia.
El segundo motivo debemos considerarlo una especie de bautismo en el
rechazo,
la iniciación en la repulsa a todo lo que oliera a mafia, el
descubrimiento de
la criminalidad más sanguinaria de su entorno.
Ocurrió en 1963, cuando Giuseppe
Impastato contaba con tan sólo quince años. Aquel
año, un tío político suyo,
Cesare Manzella, que era por entonces el capo de Cinisi,
murió asesinado en uno
de aquellos Alfa Romeo Giulietta cargados con TNT que tan utilizados
fueron
durante la primera guerra mafiosa. Según parece, el cuerpo
de Cesare Manzella
quedó completamente destrozado, hasta tal punto que llegaron
a encontrarse
trozos de su cuerpo colgando de unos limoneros que se hallaban a
trescientos
metros del lugar de la explosión. Giuseppe Impastato
quedó horrorizado ante tal
acontecimiento, y fue a partir de entonces cuando inicia el camino de
no
retorno que sólo finalizaría el 9 de mayo de 1978
con su propia muerte,
asesinado por orden de Gaetano Badalamenti de un modo muy similar al de
su tío
quince años antes.
Visto con la suficiente perspectiva histórica, podemos decir que Giuseppe Impastato se convirtió en un activista de la izquierda más radical. Con tan sólo diecisiete años dirigía mítines y coeditaba una gacetilla política llamada El Ideal Socialista, donde escribía una serie de artículos destinados a proclamar las fechorías de la mafia y de la cultura mafiosa. Uno de ellos, titulado “Mafia: una montaña de mierda”, escrito y publicado en 1966, provocó un grave enfrentamiento con su padre y le valió la expulsión de su casa; este hecho supuso una importante ruptura, pues en el entorno de los hombres de honor, la familia mafiosa está por encima de la familia de sangre, y ya entonces algunos de sus parientes hablaron de la conveniencia de darle el paseo al joven Peppino. A partir de entonces, la actividad
de Giuseppe
Impastato fue la de un militante izquierdista casi de manual:
militancia en Pero
la
situación se hizo realmente insostenible unos cuantos
años más tarde. En 1977
funda con un grupo de amigos y colaboradores Radio Aut, una emisora
privada que
le va a servir de tribuna para socavar los principios de la mafia
proporcionando argumentos a la sociedad civil que vivía
ajena a los ambientes
mafiosos, o directamente de espaldas; lógicamente a la otra
cara de Sicilia.
Poco a poco, la rebelión de Peppino Impastato se iba
convirtiendo en una
evidente revolución. Desde Radio Aut, con programas
satíricos como Onda
Pazza, Onda Loca, y recurriendo al humor y a lo procaz, Peppino
y
sus amigos se dedicaron a parodiar a Tano Badalamenti y a dirigir sus
sátiras a
lo que ellos denominaban la “Mafiópolis”
y su “Mafiacipalidad”, en lo que era
una crítica abierta a la localidad de Cinisi y a su
ayuntamiento en manos de
Obviamente, la rebelión protagonizada por Giuseppe Impastato puede ser considerada valiente, incluso heroica, pero también alocada, ingenua y hasta inconsciente. De modo imprudente, con el propósito de sacudir la modorra de la sociedad civil, Peppino Impastato estaba cavando su propia tumba. Lo que no queda claro es si era realmente consciente de los riesgos que corría. Y aquí podemos hacernos una pregunta cuya respuesta aclara y explica el final de la historia. ¿Creyó Peppino que el hecho de que su padre fuese un hombre de honor cercano a Badalamenti lo protegía de alguna forma de la reacción del jefe de la cosca mafiosa? Respuesta: indudablemente. De hecho, años después Felicia Bartolotta declararía que Badalamenti solía llamar a su marido para quejarse de la actitud de su hijo, y que su marido le suplicaba una y otra vez que no matara al muchacho. Ahora bien, en la mentalidad de En cuanto a Badalamenti, para comprender su actitud, debemos tener en cuenta que la revolución que había iniciado Peppino no consistía únicamente en un duelo personal con el capo de Para proteger el consenso y el
arraigo social que
todo capo de la mafia debe poseer para hacerse acreedor de respeto,
Gaetano
Badalamenti decidió acabar con la vida de su enemigo. Pero
aún más, la muerte
de Peppino debía ser desproporcionada, una verdadera
demostración de fuerza, a
la vez que una ejecución ejemplar dentro de la
más clásica tradición mafiosa.
Es decir, todo el mundo debía saber que había
sido asesinado por La noche del 8 al 9 de mayo de 1978, los hombres de Badalamenti secuestraron a Giuseppe Impastato y se lo llevaron a una choza cercana a las vías del tren de la línea Palermo-Trapani. Allí lo golpearon con una piedra, lo torturaron y luego depositaron su cuerpo junto a las vías con varios cartuchos de dinamita atados al torso. A los pocos días el Corriere della Sera informaba brevemente de lo ocurrido en Cinisi con este titular: “Fanático izquierdista destrozado por su propia bomba en la vía férrea”. La estrategia diseñada por Badalamenti y los suyos se había llevado a cabo a la perfección. Asesinaron a Peppino brutalmente, pero supieron aprovechar su militancia izquierdista radical para hacerlo pasar por terrorista. No era difícil; al fin y al cabo Italia vivía en aquellos años la pesadilla de las llamadas “Brigadas Rojas”, que poco antes habían secuestrado y asesinado al ex primer ministro Aldo Moro, cuyo cadáver apareció curiosamente el mismo día de la noticia de la muerte de Peppino. Sin embargo, en Cinisi todo el mundo sabía la verdad; Giuseppe Impastato no era un terrorista y su muerte era responsabilidad de la cosca mafiosa de Tano Badalamenti. Pero cómo demostrarlo. Para
complicar
aún más las cosas, la investigación
posterior que llevaron a cabo los
carabineros fue de una negligencia alarmante, cuando no sospechosa. Al
parecer
el informe de las fuerzas de la ley ni siquiera hacía
mención de la choza, y
tampoco de una piedra que había aparecido con restos de
sangre y que
evidentemente pertenecía a Peppino. Fueron los amigos del
asesinado quienes
encontraron la piedra en la choza y la llevaron a analizar. Cuando
acudieron al
lugar en el que había sido asesinado, aún
tuvieron que llenar varias bolsas con
los restos esparcidos de Peppino.
Durante
años,
la investigación sobre el caso Impastato fue indolente y
descuidada, hasta el
punto de que en 1984 los jueces de instrucción
llegarían a declarar que Peppino
había sido realmente asesinado por En el año 2000 la historia de Giuseppe Impastato fue llevada al cine con gran éxito por el director Marco Tullio Giordana. Titulada Los Cien Pasos, obtuvo el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia. El título de la película hacía referencia a la distancia exacta que había entre la casa de Peppino y la de Gaetano Badalamenti. |
De La Historia del Crimen Organizado, Agustín Celis Sánchez, Ed. Libsa, Madrid, 2009.